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Consideraciones sobre el desarrollo de La Antigua Guatemala

Por: JM Magaña Juárez

La ciudad que hoy conocemos como La Antigua Guatemala fue fundada por Pedro de Alvarado el 25 de julio de 1524 sobre la ciudad de Iximché, territorio cakchiquel, en el altiplano occidental, después de vencer a los quichés.

En su carta-relación a Hernán Cortéz, fechada en la capital quiché, el 11 de abril de 1524, Pedro de Alvarado se refiere a Quezaltenango, pues se ha establecido que bajó la cuesta conocida actualmente como de Santa María,el viernes 12 de febrero de 1524, cuando sostuvo la primer batalla con sus pobladores. Su relación es escueta y contiene la única referencia a la muerte del caudillo quiché con la siguiente frase: “en esa murió uno de los cuatro señores desta cibdad de Utatlán que venía por capitán general de toda la tierra”. Hasta años más tarde surgió en un documento indígena, el título de la casa Ixquin Nehaib, Señora del territorio de Otzoyá, el nombre del caudillo Tecun Uman, lo que también fue recogido por cronistas españoles, entre ellos Fuentes y Guzmán, en la última década del S. XVIII

La Ciudad recibió el nombre de Santiago de Guatemala, en honor al patrono de España, el apóstol Santiago.

En 1527, Francisco de Alvarado, hermano del conquistador, al asumir el cargo de Teniente Gobernador, decidió trasladarla debido a los constantes alzamientos de los indígenas y no contar con la debida fuerza militar para reprimirlos.

El lugar seleccionado fue el valle Almolonga  en las faldas del volcán Hunahpu, en donde no había presencia indígena. Ese segundo asentamiento perduró hasta la noche del 11 de septiembre de 1541, cuando en plena temporada de lluvias, de las faldas del volcán bajaron correntadas de agua, lodo, piedras y troncos de árboles que arrasaron la incipiente ciudad. Durante la tragedia, murió la esposa del conquistador, Beatriz de la Cueva, quien recién, tras la muerte de su  esposo, había sido nombrada gobernadora de la provincia de Guatemala.

El 27 de septiembre, autoridades y vecinos se reunieron para decidir su futuro. Participaron cincuenta y cinco vecinos. Cuarenta y tres de ellos votaron por el traslado, cinco por la reconstrucción y siete permanecieron indecisos. Fue nombrada una comisión para estudiar los valles de Alotenango y del Tiangues de Chimaltenango y dos días después se votó a favor del valle del Tiangues, pero no se pudo tomar decisión alguna, por no haber una mayoría de vecinos.

 

 

El 2 de octubre, el Ayuntamiento celebró un cabildo abierto para decidir. Asistieron los gobernadores y setenta y ocho vecinos. El resultado de la votación fue: “cuarenta y nueve votos a favor de la traslación de la ciudad de Santiago al valle del  Tiangues de Chimaltenango y veintinueve a favor de la reconstrucción en el mismo sitio donde había sido fundada el 22 de noviembre de 1527.”  “...el síndico procurador Cristóbal de Lobo, pidió a los gobernadores licenciado  Francisco Marroquín y licenciado Francisco de la Cueva, promulgaran auto ordenando la fundación y traslado de la  ciudad en el Tiangues de Chimaltenago, dichos gobernadores se conformaron con tal pedimento, disponiendo que el 11 de octubre, día miércoles, se iniciara el reparto de solares, en el nuevo asentamiento.”

Sin embargo, durante su sesión del 22 de octubre y por alguna razón, no del todo clara, el Ayuntamiento y los gobernadores derogaron el auto del día 2 por el cual se acordó el traslado al valle del Tiangues, disponiendo que la traslación se hiciera al valle Panchoy.

El 18 de noviembre de 1541 el Ayuntamiento pregonó el auto mediante el cual ordenaba que los vecinos cercaran los solares que habían recibido para el traslado de la nueva ciudad. “...los solares debían estar cercados de aquí al día de San Juan de junio primero que verná de mil y quinientos y cuarenta y dos...”

El traslado se oficializó cuando el Ayuntamiento celebró su primera sesión de cabildo, el 10 de marzo de 1543. La Ciudad trajo consigo el nombre y títulos; aunque se consumó hasta cuando fue traído en procesión el Santísimo de la Iglesia Mayor de la ciudad destruida al nuevo asentamiento, el jueves de Corpus Cristi de 1543.

El trazo de la nueva ciudad respondió a los ideales renacentistas, lo que significó retomar la concepción humanista del hombre como medida de todas las cosas. España, por primera vez en la historia tuvo la oportunidad de planificar y edificar de acuerdo a  planteamientos teóricos en un inmenso territorio que no ofrecía mayores obstáculos, más allá de su topografía. Es decir, estableció un nuevo orden, que más adelante se conoció como Leyes de Indias, que no son otra cosa que la recopilación de normas y especificaciones que a lo largo de los primeros años de la conquista se aplicaron en la construcción de ciudades y poblados. Esas normas están contenidas en las Ordenanzas para Descubrimientos, Poblaciones y Pacificaciones expedidas por Felipe II, en san Lorenzo del Escorial, el 3 de mayo de 1576.

La ciudad, a lo largo de los siguientes 230 años, se desarrolló en función de su crecimiento económico, político, religioso y cultural que trascendió más allá de su jurisdicción como sede de la Capitanía General del Reino de Guatemala. En el ámbito cultural, por ejemplo, el excedente de la producción escultórica de Santiago llegó a exportarse al virreinato de la Nueva España, hoy México y su calidad fue comparable con la de la escuela de Quito.
El influjo de las nuevas corrientes artísticas y culturales llegadas de España se reflejó particularmente en  la literatura, música, pintura, carpintería y escultura. En el ámbito de la arquitectura, enriqueció el conocimiento de maestros, artesanos y aprendices, aunque, por su propia naturaleza, fue menos espontánea, se incorporó en el largo plazo, con resultados propios.

Salvo el primer período arquitectónico que se define con la consagración de la Santa Iglesia Catedral en 1680, los otros están íntimamente relacionados con el proceso de reparación, reforzamiento, reconstrucción y obra nueva iniciado después de los sismos destructores que constantemente afectaron el territorio.

El primer período, llamado Renacentista, esta considerado a partir del traslado de Almolonga a Panchoy y su oficialización, el 10 de marzo de 1543, hasta, como ya se dijo, la consagración de Catedral en 1680, obra del Arquitecto Mayor de la Ciudad Joseph de Porres. Incluye la traza de la Ciudad y prevaleció la arquitectura clásica, es decir, aquella de origen griego y romano.

Los mejores ejemplos son: Nuestra Señora de los Remedios, san Sebastián (1582) de Juan de Cuellar, reparada y abovedada en 1660 por los artesanos albañiles Pablo Barrientos y su hijo Cristóbal y san Agustín (1637-57) del arquitecto Juan Pascual, mulato libre.  En las fachadas de esos templos, es clara la lectura de los elementos característicos de aquel período: sus cuerpos están divididos por entablamentos formados por metopas y triglifos, columnas con  basas, fustes y capiteles de ordenes Dórico, Jónico, Corintio, Compuesto o Toscano, frontón sobre la puerta principal y hornacinas rematadas con tímpanos semicirculares o triangulares y remates superiores con otros elementos decorativos.

El segundo, es un período que va de 1680, a los terremotos de 1715. Durante ese corto pero importante lapso, los arquitectos buscaron  nuevas formas y un nuevo lenguaje arquitectónico que les permitiera expresar las inquietudes culturales de la época. Sin embargo no lograron desprenderse de los rígidos cánones y la carga conceptual renacentista. Fue un período en que se trastocaron los conceptos básicos de los ordenes clásicos, se produjeron nuevos elementos y se reinventaron los existentes en un intento por dar un paso adelante en la evolución de la arquitectura, que sin embargo, no llegó a constituir un “estilo”.

De ahí que se le considere una transición, pues  no fue sino hasta después de los terremotos de 1715, cuando empezó a tener cabida el nuevo período cultural llamado Barroco, cuando aquellos esfuerzos alcanzaron su plenitud.

Entre sus características destaca el uso de un orden gigante para los pilares del primer cuerpo, triglifos que ya no son más de tres barras, sino de cinco, tímpanos sobre hornacinas que no tienen un apoyo directo o en donde las pilastrillas que los soportan adquieren formas caprichosas y sus capiteles llegaron a ser sustituidos por ménsulas.
Pertenecen a esa etapa:  santa Teresa (1687) de Joseph de Porres, Compañía de Jesús (1698) de Francisco Fernández de Fuentes y La Recolección (1717) de Diego de Porres. Una innovación en la Compañía de Jesús fue el uso del  color aplicado ´al fresco´ sobre muros, columnas, pilastras y demás elementos arquitectónicos que lo convirtió en el templo más ricamente decorado de la Ciudad. 

Como quedó asentado, fueron las reparaciones, reconstrucciones, reforzamientos, ampliaciones, la transformación de algunos elementos arquitectónicos y la obra nueva que siguió a los terremotos, las que determinaron el desarrollo de la arquitectura de Santiago de Guatemala. Puede considerarse que el terremoto de 1715 marcó el final del periodo de transición y que tímidamente dio paso al Barroco. Esa etapa de crecimiento edilicio que se produjo después de aquel evento fue la más profusa de la historia, sobrevivió su propia existencia  y en consecuencia, es la que ha trascendido hasta nuestros días.

Los terremotos de 1751 sorprendieron una vez más a la comunidad, destruyendo su ciudad. Sin embargo, a partir de entonces, el proceso evolutivo de su arquitectura no se detuvo. Los arquitectos y maestros albañiles, muchas veces aglutinados en núcleos familiares junto a aprendices y demás trabajadores de la construcción, llegaron a tener gran experiencia, a conocer los secretos y uso de los materiales y a dominar las técnicas y los sistemas constructivos. Introdujeron nuevos elementos arquitectónicos y llegaron a crear una excelente calidad de mano de obra.

El tercer período puede ser fecharlo de 1715 a 1773, cuando la Ciudad fue destruida por enésima vez y el recién llegado capitán general, Martín de Mayorga y Mendieta obtuvo el apoyo de la Corona para obligar a trasladar, por tercera vez, la ciudad Santiago de Guatemala.

La orden inicial de traslado produjo oposición entre los pobladores, para quienes no era ajeno el proceso de reparación, reforzamiento y reconstrucción, de ahí que se dividieran en dos grupos: los llamados terronistas que querían reconstruir la ciudad dañada, respaldados por el arzobispo Cortés y Larráz y aquellos que se solidarizaron con el Capitán General, llamados traslacionistas. La discusión fue zanjada con la Real orden de su majestad, del 22 de enero de 1774,  en que aprobó la “provisional traslación de la ciudad de Santiago al establecimiento de la Ermita...”

El nuevo asentamiento en el valle de la Ermita fue oficializado el 2 de enero de 1776 cuando el ayuntamiento celebró su primer cabildo.

El 22 de octubre de 1776 fue promulgada la real orden de 23 de mayo, disponiendo que la capital asentada en el valle de la Virgen se titulara Nueva Guatemala de la Asunción, a pesar que la ciudad de Santiago de Guatemala trasladó consigo autoridades, escudo de armas y títulos propios; de ahí que la municipalidad de Guatemala, hoy día, conserve el escudo de armas otorgado a Santiago de Guatemala, el 28 de julio de 1532 por el emperador Carlos V y rey  de España Carlos I.

El 24 de julio de 1774, por auto acordado, se mandó a celebrar misa de gracias “...por los beneficios experimentados en la ruina de la antigua Guatemala...” Esta es la primera vez que en un documento oficial se registra el nombre de la antigua Guatemala.

Por lo expuesto, la hoy conocida ciudad La Antigua  Guatemala debe ser vista con otros ojos,  pues no es más Santiago de Guatemala sede de la Capitanía General de Guatemala, como tampoco es la abandonada ciudad destruida por los terremotos de santa Marta del 29 de julio de 1773.

Hoy es una ciudad paradójicamente conservada en el tiempo, gracias a aquella destrucción, pero sobre todo al célebre bando publicado el 28 de julio de 1777 que sintetiza todo el odio del capitán general don Martín de Mayorga: “...Y no permitiendo...el que subsistan por más tiempo en aquel temible suelo, se ha servido resolver en fecha 22 de marzo corriente, que en el preciso término de un año, se concluya, y finalice la traslación de la antigua Goathemala, y el desamparo total de dicho territorio, demoliendo las ruinas que se hallasen en pie, después de cumplido el término de su Soberana Resolución: que el Cabildo   Eclesiástico, la Universidad. Curia Eclesiástica. Los Prelados y  Comunidades de las Religiones, y los vecinos de autoridad, y conveniencias, se transfieran de la antigua Goathemala, o donde se hallaren, a la Nueva Ciudad, sin demora ni excusa, en el preciso, y perentorio término de dos meses, que deben contarse igualmente desde que llegue a noticia de todos...”

El futuro de La Antigua  Guatemala está previsto en el Plan Regulador de 1967 y su conservación, en la Ley Protectora de 1969 que define un polígono dentro del cual quedaron incluidas las áreas de amortiguamiento, es decir, aquellas en que puede darse el necesario e indispensable crecimiento.

Hasta hace poco, la Ciudad Histórica debió soportar el negativo influjo comercial y fue la arquitectura doméstica la que absorbió las nuevas necesidades en detrimento de la calidad de vida de sus habitantes originales. Ese cambio de uso del suelo es sin duda, el factor que más deterioro ha causado a la conservación de la Ciudad, a la pérdida de sus características arquitectónicas y al deterioro de su imagen urbana.

El Plan Regulador vigente consideró que el Centro de Servicios se ubicara en la finca La Pólvora, en el límite poniente, sobre la calzada santa Lucía, lo cual fue posible hasta después de los terremotos de 1976, cuando el conjunto monumental de la Compañía de Jesús en donde funcionó el mercado municipal desde 1912, sufrió serios daños que obligaron a su desalojo.

En el extremo norte de la Calzada está el conjunto monumental san Jerónimo y hacia el poniente, La Recolección y  amplias fincas cafetaleras como Retana y Salinas. Hasta ahora ese sector no tuvo mayor presión, pero es una gran extensión de tierra que sin duda deberá cambiar su vocación cafetalera e integrarse a la trama urbana para dar lugar a nuevos usos.
En 2001 la Unidad Técnica de Desarrollo Municipal, creada a instancias de la Asociación de Vecinos Salvemos Antigua,  conoció un proyecto para hacer espacios comerciales y estacionamientos públicos en 22 manzanas de la finca Retana. Por su ubicación y características, el uso de un fragmento no podía ser evaluado aisladamente, por lo que se solicitó a los  propietarios y planificadores hacer un estudio de toda la finca, en función de la conservación de la Ciudad y su desarrollo. El resultado, fue una positiva planificación del sector poniente de la Ciudad, su conexión vial con la Ruta Nacional 14 y su integración con la planificación que se tenía en curso en la Unidad Técnica.  El uso comercial de las 22 manzanas se transformó en un centro de convenciones internacionales que resulta más acorde con el Plan Maestro de la finca y congruente con la vocación turística y cultural de La Antigua.

El nuevo conjunto contendrá un amplio estacionamiento, plazas, autoservicios, oficinas, comercios y canchas deportivas que quitarán la presión que en la actualidad se ejerce sobre el casco histórico de la Ciudad.

El nuevo proyecto permitirá el nacimiento de un área en la que se combinará el comercio con el entretenimiento, la cultura y el deporte, necesidades que en la actualidad la población antigüeña, particularmente los niños y los jóvenes,  medianamente satisfacen.  Su arquitectura, de acuerdo a las recomendaciones de la última misión de la UNESCO que vino para evaluar su impacto, necesariamente será de integración, en la que se interprete la arquitectura tradicional, evitando de esa manera la pobreza arquitectónica que caracterizó al siglo XX.

Ese logro se debe a la permanente vigilancia que la sociedad civil ha ejercido durante los últimos años sobre las decisiones de las autoridades, las que, en algunos casos no han actuado en concordancia con las características de la ciudad histórica, declarada Monumento Nacional, Ciudad Monumento de América y considerada un patrimonio de la humanidad al haber quedado  inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la UNESCO, en 1979.

La propuesta del nuevo desarrollo ha dado lugar a que se retome el proyecto de unir los conjuntos monumentales san Jerónimo y La Recolección mediante un parque, con el fin revitalizarlos y dotar a la Ciudad de los necesarios espacios públicos que en la actualidad carece.

Dentro del esquema ordenador planteado en la unidad Técnica de Desarrollo Municipal, se encuentra el uso del suelo, que le permitirá a la  Municipalidad contar con el instrumento adecuado para velar porque las propuestas de uso de los terrenos en los alrededores de tan importante sector sea el más provechoso, tanto para los dueños de la tierra, como para los inversionistas, pero sobre todo, para garantizar la calidad de vida que distingue a La Antigua Guatemala, en su calidad de Ciudad Histórica cuya vocación habitacional, cultural y turística es incuestionable.